lunes, 27 de mayo de 2013

¿Por qué mi madre nunca será Generación Z, y los demás nos parecemos tanto?

Cuando Internet entró en casa, todos nos convertimos un poco en autistas sociales. Bueno, todos no. Mi madre sigue prefiriendo a Jorge Javier. Es la menos Z.



"Sólo hay dos tipos de economistas: los que no saben hacer previsiones, y los que no saben que no saben hacer previsiones". Dicho esto por un profesor de Economía, supone una sana autocrítica que, por ejemplo, cuesta oír de boca de un sociólogo o un psicólogo social.

Sin embargo, estos últimos se atreven a aventurar el futuro de toda una generación que no ha cumplido todavía los veinte años. Y yo creo que, haciendo hincapié en lo que la diferencia, hace más visible lo que nos asemeja.

De esta generación Z se predice "una escasez generalizada de profesionales cuyas labores se caracterizan por el estudio constante, la investigación y el análisis, como los médicos y los científicos". No sé si los facultativos serán sustituibles, pero no ignoro que esta sociedad hipocondríaca ha encontrado ya su vademécum personal en Internet.


"Internet ha hecho mucho daño a la medicina", me excusé un día por acudir a Urgencias. "Y algunas series de televisión también", contestó la doctora. Me había llevado allí un dolor en el costado, que se intensificaba al respirar profundamente y que un amigo (sin más conocimientos que los proporcionados por la 'araña') había diagnosticado como una costilla rota que podía perforar el pulmón. Era una contractura.




Pablo dice que a la generación Z la identificas porque el whassapp les impide ver las farolas. A seiscientos kilómetros de mi casa me pilló mi jefe hace unas semanas, para preguntarme la fecha de un documento. Y el móvil, ese demoníaco instrumento a través del que los jefes nos localizan incluso en los días libres, me permitió quedar como una reina: búsqueda en nuestra web y envío de whassap al jefe con la respuesta exacta. Yo no soy generación Z, así que no choco con las farolas: desde que perdimos el pudor que nos causaba utilizar el móvil en la calle, son las farolas las que chocan conmigo.




Tampoco es generación Z mi hermano, quien hace más de veinte años me convenció para que subiera al trastero mi vieja Olivetti y la sustituyera por un ordenador. Y cuando Internet entró en casa, vía módem, todos empezamos a convertirnos un poco en autistas sociales. Bueno, todos no. Mi madre sigue prefiriendo a Jorge Javier; ella es la menos Z de todos... ¿O no?


A Amparo Moraleda, entonces presidenta de IBM, le oí decir en 2006 que las TIC permiten ubicar los proyectos allí donde está el talento, lo que obligará a redefinir los modelos de negocio: "El talento elige, la empresa no". De lo que no cabe duda es de que las nuevas tecnologías están desarrollando un notabilísimo papel en la democratización global del conocimiento. Lo intuyó Nehru en la década de los cincuenta, cuando apostó por los Institutos Indios de Tecnología. Pese a la pobreza de buena parte del país, aquellos planes educativos están dando frutos y hoy ciudades como Bangalore, Delhi o Bombay, son referentes en TIC's.


El locuaz Rodríguez Ibarra, que, como presidente de Extremadura, impulsó la creación de centros tecnológicos y la sociedad de la información, reparó en lo imprevisible de estos tiempos, en los que seguramente aún no se ha creado la tecnología que se usará dentro de cinco años. ¡Como para preguntarle a un niño qué quiere ser de mayor!


Sea como sea, la generación Z nació con un ordenador debajo del brazo. Es su ventaja sobre quienes traíamos un pan, o una maleta, como aquel niño cuyo caso cantaba Miro Casabella a finales de los setenta. Como decía el cantautor gallego, "os seres reciben da natureza os membros que eles precisan para súa supervivencia".


¿Con qué dotará a la próxima generación?


Oh, my God! ¡La Z es la última letra del diccionario!


¡Pues sí que la han hecho buena estos sociólogos!

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